No me había dado cuenta de lo que me gusta escribir hasta hace un par de días, tuve un viaje de negocios, hice una pequeña reseña de este y la mandé a mis amigos. No todos me respondieron, pero los que sí, de alguna manera me motivaron a seguir escribiendo.
Mi trabajo me exige volar, ahí en la cabina, te aíslas, te ordenas y te obligas a pensar en miles de cosas, definitivamente no es el lugar más cómodo para hacerlo, pero si uno de los más tranquilos. Me gustaría poder decirles que escribo todo esto cerca del mar, en alguna playa, pero eso jamás funcionaria, los que me conocen sabrán que prefiero una línea de pesca a una computadora.
Hoy tengo ya algunos párrafos de distintos temas y pensamientos, negocios, viajes, reflexiones y ese tipo de cosas. Ahora que lo pienso, prácticamente todos ellos los he escrito en cabina. Volar me inspira y claro la lectura hace también su parte, todo por hacer más corto el viaje de regreso a casa.
Pocas veces escribimos lo que pensamos y eso es una lástima. Alguien, en algún lugar está interesado en saber lo que tú piensas, lo que sabes. Alguien está pasando por algún problema o situación que tú ya resolviste.
Siempre he pensado como poder ayudar un poco con lo que he aprendido. Dar clases no se ajusta a mi agenda, ni a la de mi familia. Preparar un curso me tomaría algo de tiempo, tendría que estudiar pedagogía para no aburrir a los asistentes, o decir incoherencias. Así que, por lo pronto, tratare de escribir sobre lo que la vida me puso en frente y todo lo que he disfrutado.
Mas que cualquier otra cosa, quiero aquí darle a mi familia, a mis hijos y a mis amigos un registro de las experiencias que me hicieron lo que soy. Todo acompañado de mis opiniones. Y bien puedo estar equivocado en muchas de ellas.
Pueden revisar la bibliografía que inspiró muchos de estos textos en el inventario de lecturas.
«So long, and thanks for all the fish»
N24°11.953″ W107°59.164″
Jesús Ruelas